LAS GRANDES HUELGAS Y LOS AZOS EN NUESTRO PAÍS… PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 10 de Octubre de 2016 23:06

“A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.”

 

Elegía a Ramón Sijé, Miguel Hernández.

 

 

1)   LAS LUCHAS DE LAS MUJERES TRABAJADORAS.

PRIMERA HUELGA DEL SERVICIO DOMÉSTICO (1891) Y POSTERIORES.

 

“Que nadie decida sin vos, que nadie decida por vos.

Participá para decidir.” Carolina Muzzilli (1889-1917)

 

El sindicalismo es un tema que desde siempre se abordó con distintas miradas, y de alguna u otra manera son comunes los términos obrero, proletario, trabajador. En pocas oportunidades se visibiliza a la mujer trabajadora con nombre y apellido; aquella que desde la gestación de las organizaciones gremiales en el siglo XIX, participó en la lucha activa por sus derechos.

 La historia nos marca que son muchas las mujeres que aún desde el anonimato lucharon codo a codo, con los hombres y/o con sus propias organizaciones en defensa por la dignidad en sus derechos y en contra de la explotación del trabajo de los menores.

Es difícil comprender las causas que más allá de sus ideales políticos con compromiso, determinación e inteligencia allanaron el camino de la militancia de la mujer.

La primera huelga de las trabajadoras del servicio doméstico se originó en 1891, se repitió en el ´92, y en 1904 ya participaron en mítines anarquistas. En Buenos Aires y  Rosario lo hicieron activamente a través de publicaciones, folletos, como “LA VOZ DE LA MUJER” que convocaba a las mujeres a reflexionar sobre su propia situación de género y se las llamaba a organizarse. En el primer número se leía “NI DIOS, NI PATRÓN, NI MARIDO”. Acometían en un mundo machista con reflexiones como: “Las mujeres son el sector más explotado de la sociedad, Nosotras creemos que hoy en día, no hay nadie en peor situación que las infortunadas mujeres. Las mujeres son doblemente apremiadas: por la sociedad burguesa y por los varones.”

El partido Socialista fomentó el gremialismo femenino e impulsó mejoras laborales y salariales de los/as menores y mujeres. En estas luchas de principio de siglo merece recordarse a Carolina Muzzilli, quien asistía a las conferencias de Gabriela Laperriére de Coni en el Centro Socialista Obrero. Allí se interesó por las propuestas prácticas del partido y decidió su afiliación en 1909.

 Un año después, con los programas de festejos del Centenario optó por definirse hacia el feminismo en la lucha de reivindicación social. Ese año participó del Congreso Universitario Argentino donde presentó distintas propuestas* que formaron parte de la resolución del X Congreso del Partido Socialista que se desarrolló en Capital Federal.

*1) Participación activa para la elevación de la clase obrera.

  2) Organización de los trabajadores en sindicatos mixtos (donde existieran trabajadores de ambos sexos) y en sindicatos femeninos donde sólo hayan empleadas mujeres.

  3) Promover encuesta que determine la incidencia del trabajo a domicilio, para reglamentar sus condiciones…

  4) Fijar un salario mínimo legal.

El Diputado Alfredo Palacios impulsó en el parlamento la mejora de las condiciones de trabajo, sobre todo de la mujer y los menores, que posibilitaron la sanción de la Ley 5.291 de 1907. A partir de allí y para contribuir a su aplicación, Carolina trabajó como voluntaria en la Inspección Nacional del Trabajo. En las visitas a los conventillos, fábricas, talleres y empresas comerciales  de la ciudad y del Gran Buenos Aires conseguía información para encuestas e informes y corroboraba las pésimas condiciones del trabajo, explotación, vida de las mujeres y menores empleados. También profundizó las investigaciones en relación al salario medio femenino y las enfermedades crónicas que adquirían las obreras.

A partir de 1910 participó en la militancia gremial plena con las obreras gráficas e ingresó en la Federación Gráfica Bonaerense con una vinculación  muy estrecha, expuesta en sus artículos en el periódico “El Obrero Gráfico” (1912). Allí predicaba la necesidad de…“Crear una sesión femenina en el seno de la organización no sólo para que os constituyáis en cotizantes de una agrupación, sino interviniendo con vuestra actividad en su desenvolvimiento, le deis vida y podáis crear un centro positivo de cultura femenina”.

Esta propuesta de avanzada proponía visibilizar las prácticas sociales de las mujeres en cuanto tales y a discutir el rol de las afiliadas apáticas. En 1916 fundó la revista “Tribuna Femenina” que editó, distribuyó en otros espacios y la sostuvo con sus ingresos. También recorrió talleres, conventillos y fábricas de la ciudad y del Gran Buenos Aires para obtener información sobre las condiciones de trabajo de las mujeres y niños/as, además de arengar a los obreros, en especial a las mujeres, sobre sus derechos. Puso en claro y al detalle las situaciones del trabajo a domicilio. Respecto a los trabajos en lavaderos: “…obligadas a trabajar (…) en pisos húmedos, en invierno tiritando de frío y en verano haciéndoseles insoportable la atmósfera debido al vapor de agua que se desprende de los cilindros, son constantemente azuzadas por los inspectores, recibiendo frecuentemente empellones (…) las de la sección planchado, debido a la alta temperatura, en verano se desmayan con frecuencia y lejos de auxiliárselas, el inspector, reloj en mano, comprueba la duración del síncope a fin de que la obrera integre la jornada de labor”.

Escribió sobre el divorcio, la condición de la mujer en la sociedad, la madre trabajadora y el menor obrero. En otro artículo  “…Vamos a organizar a las mujeres de las artes gráficas en sindicatos femeninos, incluiremos en los estatutos –aparte del subsidio de desocupación existente- una cláusula de socorros mutuos. Instalaremos una biblioteca, instituiremos una escuela nocturna, u haremos, ante todo y sobre todo conciencia de clase. Para terminar, sólo me queda recomendar a las obreras gráficas un poco de buena voluntad y amor propio en pro de esta organización…” Esta propuesta no solo estaba dirigida a vencer la resistencia de las trabajadoras para que se insertaran en los sindicatos, sino que las llamaba a luchar junto a sus pares masculinos no como “hombres”, sino a partir de sus diferencias y especificidades.

Colaboró en la organización de los Congresos sobre la temática del niño. En el primero en 1913, presentó distintos trabajos como “La madre y el menor obrero”, “El trabajo de las mujeres y los niños” y “Alcoholismo” por lo que el Comité Ejecutivo le otorgó diploma de honor. Ese mismo año presentó en la exposición de Gantes, Bélgica, un estudio, “Trabajo femenino” que fue premiado con diploma y medalla de plata. Con “El trabajo de las mujeres y los niños en nuestro país”, con documentación estadística y diagramas, recibió el diploma y medalla de plata en la exposición de San Francisco, California, en 1915.

Autora del libro “Por la riqueza física y mental del pueblo”, “El Divorcio”, “Por la salud de la raza”, también fundó el periódico “Tribuna femenina”. Participó en el periódico “La Vanguardia”, pero muchos de sus trabajos se perdieron en la quema del local.

Carolina vivió con tal intensidad su militancia que en sólo 27 años de vida pudo legar tan trascendentes propuestas en pos de la justicia para la mujer y el niño. Murió en 1917.

En 1920 las socialistas fundaron su propia revista “Nuestra Causa”, dirigida por Alicia Moreau de Justo con Elvira Rawson de la Agrupación pro sufragio y Julieta Lanteri del Partido Feminista Nacional. Si bien no participaban en los sindicatos, apoyaban las huelgas que realizaban las trabajadoras de gremios organizados por mujeres, las obreras del tabaco que reclamaban por la insalubridad del trabajo, de las fosforeras, de las obreras textiles o de las telefonistas. Además de las demandas definidas de cada gremio, pedían una disminución de las horas de trabajo. Reclamo de todo el movimiento obrero. Las activistas ayudaban en la recolección de fondos, reparto de panfletos, organización mítines, donde exhortaban a la unidad. Estas mujeres feministas anarquistas y socialistas no se limitaron a abordar derechos sociales de clase, sino que también contribuyeron a levantar consignas de género que junto con otras organizaciones de mujeres profundizaron la campaña por los derechos políticos femeninos: el derecho a votar y a ser votadas.

En raras oportunidades se menciona la participación de la mujer en los gremios. Es innegable que los sindicatos organizados no tenían mujeres en su dirección, pero esto no significa que no haya participado la mujer obrera 

Existen informes escritos sobre las costureras quienes se congregaban “para desafiar los abusos de los patrones y los consejos de resignación de los curas”… “nosotras no vamos a aguantar esto de la rebaja del jornal, porque de rosarios y padrenuestros no se come, nosotras vamos a protestar”.

El de las lavanderas fue un gremio importante, organizadoras de las primeras sociedades de resistencia y el de las trabajadoras asalariadas en su domicilio o en pequeños talleres. El trabajo de costura se consideraba como una prolongación de las actividades domésticas de las mujeres y estaba asociado a su femineidad en tanto formaba parte de su educación y de su proceso de socialización (Nari, 2002). Las mujeres por este trabajo “complementario” y “descalificado”, recibían bajos salarios y lo realizaban en condiciones precarias con riesgo para su salud.

Entre 1936 y 1943 las costureras tucumanas en su sindicato llevaron adelante  huelgas para defender sus demandas. Con el apoyo de la Federación Socialista Tucumana y la Sociedad de Resistencia de Obreros Sastres, en abril de 1936, se conformó la “Sociedad de Obreras Costureras de Confección en General” que de inmediato declaró en huelga en demanda de mejoras salariales. A continuación, el “Comité de Relaciones Solidarias” declaró una huelga, con la protesta de las costureras se paralizaron las actividades en la capital tucumana en mayo del mismo año y obligaron a los patrones a negociar. En 1941 se sancionó la Ley de Trabajo a Domicilio, la primera provincia en reglamentarla fue Tucumán.

 

En la década del 40/50, a partir de la Guerra Mundial, se dio una profusa inserción de la mujer en las fábricas con trabajos poco calificados como el caso de los frigoríficos y en los sindicatos adquirieron gran peso político. Participaron con intensidad en la vida política en las calles portando pancartas en alto con la figura de Evita. En 1960 el número de mujeres asalariadas creció en los sectores de servicios, época en que dieron los procesos revolucionarios culturales en todo el mundo, como el Mayo francés y las luchas anticolonialistas. En los setenta, el desarrollo del sector terciario concentró el mayor número de mujeres y se visibilizaron en la actividad gremial con los grandes sindicatos de servicios, los bancarios, empleados de comercio, del Estado, docentes.

                                                 Elsa Diez

 

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