La integración financiera de América del Sur PDF Imprimir E-mail
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Rovelli, Horacio
Miércoles, 13 de Agosto de 2008 18:00

Los doce países que conforman América del Sud han comenzado a transitar el camino de una verdadera integración con la constitución del UNASUR (Una Nación del Sur), en la Ciudad de Brasilia, el 23 de mayo pasado, propiciando la unión y la construcción de un futuro común, para consolidar una entidad propia sudamericana y desarrollar un espacio regional integrado en lo político, en lo económico, en lo social, en la defensa del medio ambiente, en el uso compartido de la energía, y en la construcción de infraestructura de uso común.

Una integración financiera necesaria

La importancia de los acuerdos comerciales y de inversión entre nuestros países, debe tener su correlato en la integración financiera de América del Sur, razón por la cual, se fomentan los siguientes mecanismos para tal fin:

a) La creación del Banco del Sur

b) Un “Fondo de Estabilización Regional” (FER),

c) Avanzar en el desarrollo de un sistema monetario que tenga como fin único una moneda común para toda la región.

En América del Sur existen instituciones financieras que conceden créditos y financian diversos emprendimientos, pero, o son instituciones internacionales dirigidas y controladas por gobiernos fuera de la región, o son parcialmente regionales, sin una importante integración de capital y, por ende, la más de las veces, destinadas a financiar proyectos específicos y/o compensar saldos de la balanza comercial.

Entre esas instituciones financieras regionales podemos destacar:

a) El grupo de entidades dependientes del Banco Mundial (BIRF) y del BID, con su lógica de subordinación a los mayores aportantes que son países y capitales fuera de la región;

b) El Banco Latinoamericano de Exportaciones (BLADEX), que es una institución mixta (constituida como Sociedad Anónima que poseen acciones negociables en un 75% del capital; bancos comerciales e instituciones financieras en un 7,5%; y, los bancos centrales y agencia gubernamentales de 23 países de la región, más algunos bancos internacionales el 17,5% del capital);

c) El Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) constituido en 1978 por Colombia, Venezuela, Perú, Costa Rica, Ecuador, Bolivia, y Uruguay. Los tres primeros países aportan cada unos U$s 468,7 Millones, los otros cuatro U$s 234,4 Millones cada país, conformando un capital total de U$s 2.348,8 Millones;

d) La Corporación Andina de Fomento (CAF) creada en 1970, que comenzó brindando crédito a los países andinos, ampliándose a posteriori, incluso con la suma de España y que, actúa como un banco de fomento y desarrollo;

e) El FONPLATA (Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata), fundado en 1976, constituido por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, donde los dos primeros aportaron el 33,33% del capital y los otros tres el 11,11% , pero los 5 (cinco) países tienen igual poder de voto y, financia planes de fomento (salud, educación) y,

f) Otros Multilaterales como el Banco de Desarrollo del Caribe ó el Banco de Desarrollo de América del Norte, con fines específicos en su región

Ya sea por su insuficiencia o porque supedita el crédito al cumplimiento de ciertas pautas económicas, como le sucede a la Argentina con el BIRF y el BID, que están atentos a la clasificación del FMI o de otras calificadoras de riesgo, lo cierto es que en nuestros países es difícil conseguir créditos para las inversión de infraestructura, para las pequeñas y medianas empresas, y para financiar planes sociales o de reconversión de producciones regionales.

Las políticas públicas crearon las condiciones

El desafío para los países de la región es planificar qué medidas concretas se deben adoptar para aumentar la inversión. A esto se le suma que la mayoría de las naciones sudamericanas han logrado revertir la dependencia de capitales del exterior por diferentes vías: ya sea por la suba internacional de los precios de nuestros productos, por políticas de apuntalamiento del comercio exterior, por políticas de sustitución de importaciones, o por procurar superávit fiscal para hacer frente a los compromisos de la deuda externa. De un modo u otro, la mayoría de nuestros países ha generado superávit gemelos (comercial y fiscal) que implican:

a) Que el ahorro global supera la inversión real

b) Que se incrementan las Reservas Internacionales en sus bancos centrales.

El conjunto de todos estos elementos plantea la necesidad de contar con un banco propio de la región, que es el Banco del Sur, sabiendo que no existe en el mundo experiencia de desarrollo que no haya contado con un banco que canalice recursos y los convierta en importantes créditos a largo plazo.

En principio, el Banco del Sur sería un banco de segundo piso, instrumentando el crédito mediante bancos de inversión de cada país u otras instituciones públicas o privadas que así lo ameriten. De allí la importancia de contar, en la Argentina con un banco de desarrollo propio, o, en su defecto, y como se determinó en la reunión de Buenos Aires del lunes 4 de agosto de 2008, contar con la implementación de créditos comunes entre el Banco de la Nación Argentina, el BICE de nuestro país y el BNDS de Brasil.

El Banco del Sur se creó oficialmente en Buenos Aires el 9 de diciembre de 2007, con un capital original de U$s 10.000 Millones, que se va a extender a U$s 20.000 Millones y, con la característica saliente de que está constituido únicamente por los países de la región y que cada país tiene un voto en el Consejo de Administración, con la excepción de ciertas operaciones que en virtud de su monto tengan impacto en el capital del banco.

Fondo de estabilización regional y sistema multilateral de pagos en moneda local

La integración financiera implica, además de la creación y puesta en funcionamiento del Banco del Sur, la necesidad imperiosa de contar con un Fondo de Estabilización Regional conformado por un aporte implícito de las reservas existentes de los bancos centrales de la región, que en la actualidad superan los 250 mil millones de dólares, delineado como un instrumento capaz de prevenir los ataques especulativos contra las monedas locales.

Fondo de Estabilización Regional que sirva como caja compensadora de las relaciones comerciales y financieras entre los países miembros del UNASUR, y que permita fortalecer los mecanismos regionales para la estabilización de la balanza de pago con el objetivo de hacer frente a desequilibrios comerciales transitorios y/o ataques especulativos contra una moneda local cualquiera.

Como tercer soporte de la integración financiera planteada, también se deben consensuar mecanismos de regulación en los mercados financieros y de capitales de la región, que propicien un sistema monetario que permita en el tiempo una moneda común, partiendo para ello de las compensaciones en moneda local de los desequilibrios comerciales entre los países. Esa construcción de un proceso escalonado de integración monetaria y financiera amplia, permitirá dotar a la región de una creciente autonomía frente al devenir de los flujos externos de capital y de los condicionamientos de política interna que fijan los organismos multilaterales de crédito (FMI, Banco Mundial y BID).

La integración regional debe servir para consolidar, en el aspecto monetario y financiero el actual excedente del sector externo, y por lo tanto ha de comprender:

- El uso de la moneda de cada país para los pagos del comercio intra-regional, en procura de un intercambio compensado y de ahorrar divisas, ampliando la reserva de valor de las monedas nacionales. El acuerdo celebrado en junio del 2008 entre Argentina y Brasil permite poner en práctica desde esa fecha, en forma optativa, el sistema entre los dos países.

- Conformar un fondo para préstamos de corto plazo que permitan cubrir desequilibrios transitorios del balance de pagos de algún país de la región. Asimismo, también la estructuración de un mercado de deuda pública que canalice ahorro interno a colocaciones de riesgo soberano, sin recurrir a costosos bancos internacionales para la emisión de títulos.

- Planificar el financiamiento de la inversión en infraestructura prioritaria para la integración, atendiendo las exigencias de comercio intra-regional, el uso de insumos críticos para la producción y la movilidad de personas y bienes. Esto requiere coordinar las acciones de los bancos de desarrollo, fijando las políticas de asignación de crédito conforme a los objetivos de integración comercial y económica.

La conformación de un mercado regional para la colocación de deuda, es la otra arista que protege los desequilibrios transitorios que pudiera presentar la economía de un país miembro de la comunidad Sudamericana.

Es claro que contar con alternativas al mercado financiero internacional para cubrir una necesidad de fondos disminuye los condicionantes asociados a los mecanismos de repago de esa deuda, que son siempre mucho más gravosos que los asociados a la consolidación de un proceso de integración.

La posible existencia de opciones regionales para estabilizar el frente externo, tanto para prevenir ataques especulativos contra la moneda local como para cubrir necesidades de financiamiento (como es el caso concreto de nuestro país con las amortizaciones del capital de la deuda externa), generan condiciones para el proceso de integración de la región, camino emprendido por nuestros países a casi dos siglos de haber constituido el primer gobierno patrio, en Buenos Aires, en 1810.
Era hora.

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