Ni Tanto ni Tan Poco. PDF Imprimir E-mail
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Editoriales
Miércoles, 24 de Octubre de 2012 00:35

 

En algunas oportunidades durante el transcurrir de la historia de los pueblos, es necesario o casi imprescindible que sus protagonistas adopten posiciones claras, definidas y hasta extremas. Son tiempos que se juegan mucho más que posiciones personales, materiales o de sectores políticos ideológicos, son aquellos en los que están en disputa los profundos intereses de la nación y de las futuras generaciones de esos mismos pueblos. No son tiempos para tibios y timoratos, son momentos de poner todo lo que hay que poner, sin temor a perderlo todo, ni esperar compensación alguna. Son esas las horas de los grandes, de los San Martín, los Belgrano, los Güemes, los Artigas, las Juanas Azurduy y los innumerables héroes anónimos que han dado todo sin pedir nada, ni siquiera que su nombre sea incluido en la lista de los héroes de la Patria, como sería justo hacerlo. 

Pero existen otros momentos en que los extremos radicalizados no son el mejor camino para defender los sagrados intereses del pueblo y de la nación. Por el contrario, muchas veces se exacerban las posiciones tan solo para mantener las personales o partidarias, no siempre legítimamente alcanzadas. También, en otras oportunidades, para no reconocer errores propios o aciertos de la otra parte.

Argentina recorre actualmente un sendero que no la conduce al mejor camino. Parafraseando al maestro Borges, aunque este no supo ni quiso entender al Peronismo como si lo hizo su colega Don Arturo Jauretche, (algún defecto tenía que tener tal genio de la literatura); que en el jardín de los senderos que se bifurcan, hemos tomado el equivocado y este nos llevará indefectiblemente al choque entre posiciones enfrentadas, en lugar de encontrar el correcto, para poder  entregar lo mejor de cada uno en beneficios de todos.

Quien puede dudar de la gran cantidad de aciertos en las políticas implementadas desde la gestión de Néstor Kirchner hasta ahora que promediamos el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Quién puede olvidar que estas gestiones partieron del fondo de la crisis  social, política y económica más profunda por lo menos, de los últimos 100 años. Con una mano en el corazón, no lo pueden hacer ni las clases más beneficiadas, ni las más excluidas, que las hay y siguen existiendo. No todo lo que brilla es oro. Tampoco nadie puede afirmar que absolutamente todo es conducido por el mejor camino. Ni tanto ni tan poco. De eso se trata, de encontrar los puntos donde es posible coincidir, por lo menos que permitan el debate y la reflexión. Después, quien tenga que gobernar y administrar los recursos del Estado, lo hagá de acuerdo a la legislación vigente, teniendo en su mente al momento de ejecutar políticas, los aportes que en el encuentro con otras miradas de la realidad le hayan aportado. Los otros podrán continuar proyectando sus políticas de Estado, para el momento en que les toque gobernar.

Pero esto no es así, ni se propone, ni se escucha, ni se debate y hasta pareciera que en ocasiones ni se reflexiona, lo que conduce a errores y graves equivocaciones de ambas partes. Pero nadie reconoce nada, ni los unos ni los otros, ni siquiera lo obvio, sin darse cuenta que la mayoría de los ciudadanos no fanáticos con una u otra posición, están esperando ansiosos, además de honestidad, gestos de grandeza y humildad de sus dirigentes. De lo contrario las distancias irán aumentando y un día no muy lejano, nos encontraremos que en la Argentina solo hay dos posiciones, que como dos locomotoras van por la misma vía pero en sentido contrario, su destino inexorable es chocar y detrás de ellas vamos todos los argentinos. Evitarlo no solo es posible sino necesario. Para ello se debe construir un espacio en donde se expresen aquellos dirigentes de sectores diversos, que aún manteniendo sus posiciones ideológicas, partidarias o no, y hasta su participación o simpatía con sectores del oficialismo o de la oposición, hayan mantenido conductas que reflejen la defensa de intereses y valores supremos de la nación y en ningún caso levantaron oportunistas banderas para granjearse las lisonjas de unos o de otros. No importa si estaban a nuestro criterio en el acierto o en el error, lo que importa es la honestidad de las convicciones y la capacidad de admitir que podemos equivocarnos. Si oficialismo y oposición pudieran comprender que esto nos beneficiaría a todos y que esta propuesta no intenta enfrentar al gobierno, por el contrario ayudarlo a corregir y modificar aquellas políticas que no fueron totalmente acertadas, estaríamos transitando hacia el sendero que nos conduce por el mejor camino, el de la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo. Para entonces, las locomotoras habrán detenido su marcha infernal y ahora retomarán su camino desde la diversidad, hacia objetivos comunes.

En la República Bolivariana de Venezuela hace unos años atrás, luego del golpe que trató de destituir al Presidente Chávez se vivía un clima político parecido. La oposición desorganizada, vencida, sin liderazgos claros, intentaba de todas formas sin importarle nada, perjudicar al oficialismo, no dándose cuenta que la primera perjudicada era ella misma y el gran perdedor resultaba en definitiva, Venezuela y el Pueblo de esa nación. Surgió por entonces un espacio que se los denominó los “NI NI”, ni Chavistas ni Opositores. En general eran “desilusionados” de ambos lados que si no llegaron a formar una gran fuerza política, esta cumplió un rol estratégico al impedir el choque entre los que estaban a favor de Chávez y los que deseaban hasta su muerte.

Cuando antes del acto electoral del domingo 7  de octubre, el candidato de la oposición Henrique Capriles afirmó que cualquiera fuera el resultado el que ganaría sería el pueblo Venezolano, más allá de la especulación electoralista, estaba reconociendo implícitamente que gracias al haberse superado esa coyuntura de enfrentamientos por fuera del sistema democrático, a la contribución de los “Ni Ni”, al ejemplar proceso electoral bajo la conducción del oficialismo, no solo había ganado ese día el Presidente Hugo Chávez Frías, sino también la oposición y fundamentalmente la República Bolivariana de Venezuela y su Pueblo todo.

Podremos repetir esa experiencia en la Argentina. Al menos vale la pena intentarlo.

 

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